Durante dos días, Bogotá se convirtió en el punto de encuentro de mujeres lideresas, representantes institucionales, organizaciones sociales y equipos técnicos que llegaron desde distintos rincones de Colombia con un propósito común: fortalecer la protección de mujeres víctimas de violencias basadas en género y consolidar una respuesta articulada que permita salvar vidas. El resultado de ese trabajo colectivo fue el lanzamiento oficial de la Red Nacional de Casas Refugio, una apuesta que busca transformar la atención a mujeres en riesgo extremo y garantizar espacios seguros, dignos y humanos para ellas, sus hijos e hijas y sus personas dependientes.
El encuentro, posible gracias a la articulación entre el Ministerio de Igualdad y Equidad y el Ministerio de Salud y Protección Social, se desarrolló los días 26 y 27 de mayo de 2026 en Bogotá como parte del proyecto ¡LIBRES!, financiado por la Unión Europea en Colombia y AECID Colombia. Su ejecución está a cargo del Ministerio de Igualdad y Equidad y Expertise France, con el apoyo técnico de GIZ Colombia. Más que un acto protocolario, este espacio se consolidó como un ejercicio de construcción colectiva de alcance nacional, marcado por el diálogo entre territorios, el intercambio de experiencias y la necesidad urgente de dar respuesta a una realidad que sigue afectando a miles de mujeres en el país. Desde las primeras horas de la jornada, delegaciones de gobernaciones, alcaldías, entidades del Gobierno nacional y organizaciones sociales llegaron al encuentro llevando consigo historias, desafíos y aprendizajes construidos desde sus regiones.
La metodología del encuentro fue diseñada para poner en el centro la construcción colectiva. Durante las jornadas técnicas, los equipos trabajaron en mesas temáticas orientadas a resolver desafíos concretos relacionados con la sostenibilidad financiera de las Casas Refugio, las rutas de acceso y egreso, las experiencias exitosas en los territorios y los mecanismos de intercambio de cupos para mujeres en riesgo extremo de feminicidio. Más allá de las discusiones institucionales, el ambiente estuvo atravesado por relatos profundamente humanos. Muchas de las conversaciones evidenciaron las tensiones que enfrentan las entidades territoriales para sostener estos espacios, pero también dejaron ver la capacidad de articulación y la voluntad de quienes trabajan diariamente por proteger la vida de las mujeres.
Uno de los momentos más significativos se dio alrededor de la estrategia nacional de intercambio de cupos, un mecanismo que permitirá que mujeres en riesgo extremo puedan ser trasladadas de manera segura entre Casas Refugio del país cuando las condiciones de seguridad así lo exijan. La discusión implicó analizar criterios de priorización, protocolos de traslado y garantías de protección, dejando claro que detrás de cada decisión técnica existen vidas que dependen de respuestas oportunas y coordinadas.
El lanzamiento oficial de la Red Nacional de Casas Refugio, realizado la tarde del 27 de mayo, marcó el paso de la construcción técnica hacia el compromiso público y político. En medio de una puesta en escena sobria y emotiva, la maestra de ceremonias recordó que la Red representa mucho más que una estructura institucional: simboliza una alianza nacional basada en la corresponsabilidad, el cuidado y la defensa de la dignidad de las mujeres. Durante la apertura protocolaria se destacó que esta iniciativa responde a la implementación de la Ley 2215 de 2022, normativa que establece la creación y fortalecimiento de las Casas Refugio como espacios temporales, seguros y gratuitos para mujeres víctimas de violencia.
Las intervenciones institucionales reforzaron el carácter colectivo de la apuesta. Representantes del Ministerio de Igualdad y Equidad, el Ministerio de Salud y Protección Social, la Defensoría del Pueblo y organismos de cooperación internacional coincidieron en señalar que el desafío ya no es únicamente reconocer la gravedad de las violencias basadas en género, sino garantizar mecanismos reales y sostenibles de atención y protección. La presencia de la Unión Europea, AECID, Expertise France y GIZ evidenció también el respaldo internacional a un proceso que busca convertirse en referente regional.
La presentación oficial de la Red estuvo acompañada por reflexiones sobre la necesidad de construir respuestas articuladas entre nación y territorio. Allí se socializaron los principales acuerdos construidos durante las mesas de trabajo y se destacó que la Red permitirá fortalecer la interoperabilidad entre instituciones, compartir capacidades instaladas y consolidar rutas más efectivas de atención. La idea central era clara: ninguna mujer debería quedar desprotegida por falta de coordinación institucional o ausencia de cupos disponibles.
La jornada también reservó un espacio especial para reconocer el trabajo de entidades territoriales que han liderado procesos ejemplares en la implementación de Casas Refugio. La Gobernación del Atlántico fue destacada por su modelo articulado con el sector privado y sus estrategias de autonomía económica; Nariño, por incorporar un enfoque transfronterizo en la atención; Córdoba, por su compromiso con la operación autónoma del modelo; Bogotá, por innovar con enfoques diferenciales y desarrollar una Casa Refugio Rural; y Boyacá, por su amplia trayectoria histórica en la implementación de este tipo de espacios. Cada reconocimiento fue recibido entre aplausos y fotografías que reflejaban algo más profundo que un logro institucional: el reconocimiento a años de trabajo silencioso en defensa de la vida.
Pero quizá el momento más conmovedor llegó al cierre del evento. Después de dos días de debates, acuerdos y análisis técnicos, el escenario se transformó para dar paso al arte y a la memoria colectiva. La presentación de La Morena del Chicamocha, proyecto liderado por la cantautora afro travesti Magdalena Moreno, llenó el auditorio de música, denuncia y resistencia. Entre sonidos del bullerengue y cantos ancestrales, el cierre cultural recordó que la lucha contra las violencias hacia las mujeres también pasa por el reconocimiento de las voces históricamente excluidas y por la construcción de espacios donde la dignidad pueda ser celebrada.
Cuando el evento llegó a su fin, muchas de las personas asistentes abandonaron el recinto con la sensación de haber participado en un momento histórico. No solo por la creación formal de una Red Nacional de Casas Refugio, sino porque durante esos dos días se logró algo poco frecuente: sentar en la misma mesa a instituciones, territorios y organizaciones para construir acuerdos concretos alrededor de la protección de las mujeres. En un país donde las cifras de violencia siguen siendo alarmantes, la Red nace como una promesa de articulación, pero también como un recordatorio de que detrás de cada política pública existen historias de mujeres que necesitan respuestas urgentes, humanas y dignas.















