Las mujeres de la Amazonía colombiana construyen la paz a través de la biodiversidad y la energía verde: Foro Internacional sobre la Amazonía y la Biodiversidad en Lisboa

En el salón histórico de la Cámara de Comercio e Industria de Portugal, en Lisboa, cincuenta participantes se reunieron para ser testigos de una de las experiencias más inspiradoras de reconstrucción tras un conflicto: la transformación de vidas y comunidades a partir de polos de bioeconomía sostenible.

Lisboa, 11 de junio de 2026

El intenso aroma del cacao se mezcla con el perfume cítrico del aceite esencial de buriti (Mauritia flexuosa; canangucha), al que se suman la dulzura de la canela y el frescor de la albahaca. En el salón de la Cámara de Comercio e Industria Portuguesa (CCIP), en Lisboa, vimos, escuchamos, probamos y conocimos no solo productos amazónicos, sino, sobre todo, historias tangibles de resiliencia y cambio.

El pasado 2 de junio, entre las 10:00 y las 15:00 horas, el Foro Internacional «Amazonía y Biodiversidad: Energía Verde, Desarrollo Sostenible y Paz en la Amazonía colombiana» reunió a unos 50 participantes, entre empresarios, académicos, diplomáticos y representantes de la sociedad civil, para dar a conocer chocolates artesanales, pulpas de fruta y cosméticos naturales producidos en la Amazonía de Caquetá.

Esta iniciativa, impulsada por el Instituto Marqués de Valle Flôr (IMVF) y la Red Adelco, con el apoyo de la Embajada de Portugal en Colombia y de la Embajada de Colombia en Portugal, así como con la financiación del Camões – Instituto de Cooperación y de la Lengua, I.P., el evento conmemoró cerca de una década de esfuerzos por transformar el departamento de Caquetá —antiguo epicentro del conflicto armado y del cultivo de cultivos ilícitos— en un territorio de paz, conservación medioambiental e innovación económica.

Una década de paz

El foro permitió situar la experiencia de Caquetá ECO en el marco de un proceso más amplio de cooperación internacional, construcción de la paz y desarrollo territorial. Más allá de presentar resultados aislados, el encuentro demostró cómo cerca de una década de trabajo conjunto entre las comunidades, las organizaciones locales, la cooperación portuguesa y las instituciones colombianas ha contribuido a transformar las capacidades productivas, fortalecer los liderazgos comunitarios y abrir nuevas oportunidades económicas en territorios históricamente afectados por el conflicto armado. El evento comenzó con una panorámica histórica e institucional.

Sin embargo, «Roma y Pavía no se construyeron en un día», reza el refrán popular, lo que, aplicado al progreso alcanzado por el proyecto Caquetá Eco, significa que esto no habría sido posible de forma aislada, sino como resultado directo de las sólidas bases sentadas por el proyecto anterior «Territorios Sostenibles para la Paz en Caquetá», que sentó las bases del desarrollo socioeconómico y medioambiental en la región.

El proyecto «Territorios Sostenibles para la Paz en Caquetá» tuvo como objetivo contribuir a la paz. La intervención se centró en el fortalecimiento de las capacidades locales para la producción, la transformación y la comercialización de productos agrícolas, con especial atención al cacao, promoviendo prácticas sostenibles y la conservación de la biodiversidad amazónica. Se prestó apoyo a unos 2 500 beneficiarios directos mediante el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias, la mejora de las infraestructuras productivas y sociales, y la dinamización de las cadenas de valor agrícolas más resilientes, lo que incluyó la construcción y el equipamiento de las cuatro fábricas, las acciones de formación y capacitación, y los estudios técnicos de los principales sectores agrícolas. Cabe añadir que, tras su finalización, se produjo un período de más de dos años sin financiación para las cuatro cooperativas, cuya subsistencia se debió exclusivamente a su propio esfuerzo y mérito.

Florbela Paraíba, presidenta de Camões, I.P., elogió la iniciativa llevada a cabo por el IMVF y subrayó que este proyecto es «un ejemplo de cooperación y de las relaciones ricas en iniciativas de la cooperación portuguesa, que moviliza al sector público, al privado y a las ciudades en la lógica de la transición verde justa y la conservación de la biodiversidad».

«Colombia desempeña un papel fundamental en la preservación de la Amazonía. Este proyecto es un ejemplo de cooperación en el que participan el sector público, el privado y la sociedad civil. Seguiremos apoyando iniciativas que promuevan la inclusión, la sostenibilidad y la paz. Y esa es también la lógica subyacente al programa gubernamental y medioambiental para el avance en los ámbitos de la acción climática, la transición verde justa y la conservación de la biodiversidad», añadió Florbela Paraíba.

Además, según la presidenta de Camões, el sector empresarial también debe «considerar a estas cooperativas como socios estratégicos, capaces de desarrollar soluciones conjuntas».

El embajador de Colombia en Portugal, Germán Grisales, subrayó el carácter global de la misión: «Las embajadas ayudan a conectar a los productores con nuevos mercados, respetando las diferencias culturales en materia de consumo. Transformar un producto local en un producto global exige innovación, cualificación y adaptación. Uno de los mayores retos es la inclusión social, en particular de las mujeres en los procesos productivos».

El señor embajador afirmó que «lo que vemos hoy es fruto de un esfuerzo conjunto que ha ido abriendo puertas y creando oportunidades reales». Germán Grisales destacó, además, que «la cooperación entre Portugal y Colombia ha sido fundamental, tendiendo puentes entre continentes y promoviendo un desarrollo más integrado».

Para el embajador de Colombia en Portugal, «el trabajo conjunto entre el Camões, el IMVF y los socios ha desempeñado un papel relevante, incluso en el contexto del proceso de paz». Concluyó su intervención señalando que «es fundamental mantener este espacio abierto de cooperación, que permite el intercambio de experiencias y el crecimiento conjunto». Según Grisales, «no existen fórmulas únicas: cada proceso de cooperación o negociación debe adaptarse al contexto y al momento que se vive; es esa capacidad de adaptación la que permite construir soluciones eficaces y sostenibles».

Luís Vargas, de la Red Adelco, socio local, destacó que el valor del proyecto reside en demostrar que la paz se construye desde los territorios, con oportunidades económicas reales y con organizaciones comunitarias fortalecidas. «Por eso, esta conversación no es solo institucional. Es profundamente humana. Es un diálogo sobre Colombia, sobre Portugal, sobre la cooperación, sobre la biodiversidad, sobre las mujeres líderes, sobre los mercados responsables y sobre la posibilidad real de construir una economía que no sacrifique la vida, sino que la proteja, la valore y la proyecte hacia el futuro», y añadió: «el papel de la sociedad civil, representada hoy por estas tres grandes mujeres que están detrás de organizaciones como ASMUPROPAZ, CHOCOAMAZONIC, ASMUCOCA y COOMBUVIPAC. Mujeres y organizaciones que, desde el territorio, han decidido demostrar que la paz no se construye solo entre ciudadanos, sino también con la naturaleza».

Para Vargas, «estamos aquí para reforzar la biodiversidad y la conservación en uno de los lugares más importantes del mundo: la Amazonía colombiana» y «esta inversión tiene todo el sentido, teniendo en cuenta la dimensión y la importancia estratégica de este territorio», ya que «aproximadamente el 43 % del territorio de Caquetá forma parte de la Amazonía».

Para el representante de la Red Adelco, «son las comunidades que viven en estos territorios las que garantizan, día a día, su conservación». Vargas explicó que «todas estas iniciativas tienen sentido porque sitúan a las personas en el centro de la protección de la Amazonía».

Vargas concluyó su intervención destacando que «este proyecto está reconocido hoy en día como una de las mejores prácticas en Colombia, y ha sido incluso galardonado con un premio», refiriéndose al premio otorgado por la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia) en diciembre de 2025.

Tal y como resumió Carolina Quina, directora ejecutiva del IMVF:

«La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la presencia de oportunidades sostenibles, en las que es posible articular la ciencia, el territorio y la organización social en un proceso coherente, productivo y transformador. La protección de la Amazonía solo será duradera si va acompañada de la creación de alternativas económicas sostenibles. Las organizaciones e s aquí presentes representan mucho más que unidades productivas. Son agentes de transformación social, promotoras de la paz, guardianas del bosque y motores del desarrollo local».

Mesa redonda 1: Oportunidades de inversión e internacionalización

Augusto Manuel Correia, profesor universitario, en su calidad de moderador, se centró en la viabilidad económica y en los vínculos comerciales entre ambos países. Este ingeniero agrónomo especialista en cacao, que visitó Colombia para aportar su contribución científica al primer proyecto del IMVF en ese país, destacó que «el objetivo es promover actividades viables y competitivas en territorios afectados por el conflicto». Y para ello, prosiguió, es importante «crear valor a través de productos agroforestales, lo que implica modelos de negocio más sostenibles».

Tras presentar a los ponentes de su mesa redonda, Correia concluyó que «este proyecto tiene como objetivo reforzar las prácticas sostenibles y valorizar la producción local, beneficiando directamente a las comunidades» y que «este es un momento privilegiado para aprender de experiencias concretas sobre el terreno».

Laura Montoya Mejía, representante de ProColombia, señaló que «Colombia concentra cerca del 10 % de la biodiversidad mundial y cuenta con más de 300 ecosistemas». Mejía afirmó que «en Colombia es posible comer una fruta diferente cada día del año», y completó esta idea con la información de que «el cacao colombiano es fino y aromático, un producto exclusivo con un enorme potencial premium».

Según los datos de ProColombia, «el sector agrícola representa alrededor del 24 % del PIB y más del 20 % del empleo», afirmó Mejía, quien añadió a continuación que «las exportaciones a Portugal crecieron un 79 % en un año». Para la analista, «invertir en Colombia permite generar negocio y, al mismo tiempo, contribuir a la sostenibilidad y a la construcción de la paz». Mejía defiende que «la inclusión es un elemento central: queremos garantizar que nadie se quede atrás en este proceso». Concluyó su intervención afirmando que «el desarrollo solo es sostenible cuando genera oportunidades para todos».

Rui Lourenço Pereira, de AICEP Portugal Global, comenzó diciendo que «existimos para ayudar» y que «somos, en muchos aspectos, la mayor multinacional portuguesa, por nuestra presencia internacional y capacidad de actuación», y señaló a continuación que están «presentes en unos 46 mercados, que abarcan aproximadamente 50 países». Según los datos de la AICEP, «la relación comercial entre Portugal y Colombia sigue siendo modesta, pero con un gran potencial de crecimiento»; sin embargo, existen «condiciones para reforzar la inversión cruzada entre empresas portuguesas y colombianas, y el comercio entre Portugal y Colombia puede y debe crecer de forma significativa».

En la actualidad, «la inversión portuguesa en Colombia es superior a la inversión colombiana en Portugal», afirmó Rui Pereira. Para el economista, «en términos sectoriales, destacan el sector agroalimentario, la industria y el mobiliario, con varias empresas portuguesas que ya exportan al mercado colombiano». Concluyó lanzando un reto para fomentar el turismo y los negocios: «sería muy importante reanudar los vuelos directos entre Portugal y Colombia, facilitando las conexiones entre ambos países».

Luís Matos Martins, director ejecutivo de Mendes Gonçalves Ventures, afirmó: «Somos una agencia de marcas, con un modelo único en el país que combina estrategia empresarial con impacto». Según Luís Martins, «nuestro modelo busca dotar a cada marca de una identidad propia, manteniendo al mismo tiempo una visión integrada». A continuación, proyectó en la pantalla situada a su izquierda (a la derecha del público) algunas de las marcas más conocidas por el consumidor general, propiedad de Mendes Gonçalves, como Paladin, Moreno, Sacana, Peninsular, Diese y Dona Pureza, entre otras.

Según Luís Martins, «no se trata solo de producir más, sino de crear más valor», es decir, «valorizamos lo que ya existe, transformando los recursos locales en impacto económico». Para el director general de Mendes Gonçalves, «la economía del sabor vincula el conocimiento académico con el producto final en el plato». En este sentido, según él, «el objetivo es crear valor a partir de lo que ya existe en los territorios».

«Integramos agricultura, industria, innovación, turismo y comunidad», afirmó. En su opinión, «la gastronomía es una herramienta de transformación económica y cultural», y la fundación creada hace exactamente un año «trabaja para nutrir, regenerar y educar».

Martins concluye su intervención afirmando que «estamos dispuestos a establecer colaboraciones con Colombia».

Mesa redonda 2: Emprendimiento social por la paz

Como dirá en una entrevista con el Canal 5 de Caquetá, por videoconferencia, uno de los participantes que asistió al Foro, «el eje central, el punto de mira, eran tres mujeres de Caquetá». Estas mujeres, líderes de cuatro cooperativas de Caquetá, compartieron sus trayectorias vitales bajo la competente dirección de Bárbara Reis, periodista de Público. El tema de la conversación fue el proyecto Caquetá Eco, que colabora con organizaciones comunitarias en La Montañita, El Paujil y El Doncello, articulando la conservación medioambiental, el fortalecimiento productivo, la transformación agroindustrial, la participación de las mujeres y la transición energética mediante sistemas solares fotovoltaicos. Con un objetivo central: demostrar que la bioeconomía amazónica puede generar ingresos dignos, reducir las presiones sobre la selva y abrir nuevas vías de cooperación entre Colombia y Portugal.

Barbará Reis, tras presentar al público, en portugués, a las invitadas de la mesa redonda, pasa rápidamente al castellano, en un gesto que revela su preocupación por hacerse entender y, al mismo tiempo, hacer que ellas se sientan más a gusto en sus intervenciones. Poco a poco, la empatía y la convergencia de ideas y conocimientos fueron acercando a las cuatro mujeres, con tal intimidad que, en un momento dado, parecían estar solas, simplemente charlando entre ellas, y no ante medio centenar de rostros atentos a cada palabra.

Y la primera pregunta, al estilo del Bolero de Ravel, marcará un «crescendo progresivo» hacia el momento emotivo del final: «¿Cómo era la vida de las comunidades en Caquetá, en 2016, antes de los acuerdos de paz?».

María Daisy Bermeo, de Asmucoca, en nombre de las 220 familias —entre ellas 55 mujeres— de la cooperativa, responde que «el proyecto de paz empieza por mí misma».

«Había un egoísmo social y organizativo». Así, dice Daisy, el primer paso «fue la paz personal, el perdón y la aceptación, y la reconciliación con cada proceso vivido; y la construcción de lo que somos hoy, y de las compañeras que somos, se debe también al hecho de que no nos conocíamos. Fue el propio proceso el que hizo que nos conociéramos como personas y como organizaciones, para poder trabajar juntas».

Sandra González, de Asmupropaz y Coombuvipac, cuyo nombre como excombatiente es Betsy, comienza mencionando a los 767 firmantes del acuerdo de paz de 2016 en Caquetá y a los 662 niños nacidos desde entonces, y afirma sin miedo: «Soy signataria del acuerdo de paz», lo que le ha permitido participar en este foro diez años después; para «mí es un sueño casi imposible poder estar aquí con todos vosotros».

Yina Bailón, de ChocoAmazonic, recordó que «vivíamos en una cultura paternalista, ya que desconocíamos lo que se hacía en el territorio en materia de producción de cacao y otras especies no madereras del bosque, que tienen una importancia económica para nosotros». Para Bailón, «cuando llega el Instituto Marqués de Valle Flôr, la situación mejora, algo que no ocurría antes de esta intervención y de todo este proceso que se ha desarrollado en el marco de estos diálogos de paz, lo que permite que una persona como Sandra, que formó parte de la violencia, pueda integrarse hoy en día».

A continuación, Bárbara Reis plantea una cuestión relevante desde el punto de vista medioambiental: ¿han dejado de talar árboles en vuestras comunidades desde el inicio del proyecto?

Yina, que seguía con el segundo micrófono en sus manos, responde: «Una de las estrategias consistía en recuperar zonas degradadas, recuperar zonas donde se cultivaban plantas de uso ilícito. Hoy en día tenemos una cultura diferente; se trata de recuperar lo que habíamos destruido, por así decirlo, y dar tranquilidad a estas familias en lo que respecta a la comercialización de los productos. Ya salen a comercializar, por ejemplo, cacao, especies no madereras del bosque como la la canangucha (buriti) y otros productos exclusivos». Hoy en día, «Caquetá figura entre los diez mayores productores de cacao de Colombia», explicó la representante de ChocoAmazonic. Y esto «es un reconocimiento que se ha logrado gracias a esta labor tan importante que tiene su origen en el proyecto Territorios Sostenibles para la Paz en Caquetá».

Yina explica que en 2017 ChocoAmazonic se constituyó como empresa y, ya en 2018, «el proyecto nos acogió, para que hoy podamos ofreceros estos productos con un valor añadido tan importante».

Betsy toma la palabra y va al grano: «De hecho, los elevados niveles de deforestación que ha sufrido la Amazonía han sido muy significativos, pero también son importantes los procesos organizativos que se han puesto en marcha en este proceso de biodiversidad y protección de la Amazonía».

«Creo que, como organizaciones, hemos apostado mucho por ello y uno de esos proyectos es, precisamente, el que está apostando por las energías renovables y sostenibles», explicó Sandra González.

Según Betsy, «llevar a cabo un proceso de conversión hacia la compensación ambiental aún plantea muchos retos que debemos reconocer: lo que existe ahora se vende y se inyecta en la red eléctrica, pero eso también supone una apuesta por mejorar las condiciones de Caquetá, una región dedicada a la ganadería y al cultivo de coca, pero que hoy, a través de todos estos procesos organizativos, ya estamos diciendo que existe otra posibilidad de vida, de bioeconomía, que apuesta realmente por un proceso regenerativo y restaurativo y que sea, verdaderamente, una paz para la vida, tal y como hemos propuesto, tal y como ha propuesto este Gobierno[1] del cambio en el país de la belleza, que debemos girar realmente en torno a una reconciliación no solo humana, sino también ambiental, y eso es lo que cada uno y cada una de nosotros, a partir de nuestros procesos organizativos, hacemos cuando trabajamos con los procesos agroforestales del bosque».

Betsy señaló que «restauramos semillas autóctonas, recuperamos semillas autóctonas para la restauración. De hecho, no queremos introducir nada en la Amazonía. Lo que sí queremos es recuperar lo que existía hace 30 y 50 años y que supone mucho más oxígeno, mucho más bioma para la Amazonía, algo que la humanidad necesita a nivel global».

Daisy mencionó «que el marido de una de nuestras socias iba a talar 6 árboles de cananguncha». Hoy «esa misma persona ha reconocido públicamente la masacre medioambiental que eso habría supuesto». Para «nosotras, ¡esto es un gran logro!».

Bábara Reis le pregunta directamente a Daisy: «¿He visto en un vídeo del IMVF que la gente no conocía la canangucha?

«Sí», respondió Daisy, «nosotras mismas tampoco la conocíamos, a pesar de vivir en el territorio». Aprendimos «que, cuando los animales —cerdos y otros— consumen la canangucha, su carne adquiere una textura diferente, más rica en sabor; por eso, con los residuos, estamos apostando por concentrados para el consumo animal». Al aceite que extraen de la canangucha lo llaman «oro verde», porque «es un aceite muy rico en provitamina A y elastina, contiene antioxidantes y su color naranja se debe a los betacarotenos que contiene; además, contiene omega 6 y 9». Como producto cosmético, «limpia la piel, la hidrata, la nutre y elimina las manchas causadas por el sol en las mujeres, así como las provocadas por el embarazo. Hemos realizado ejercicios con las mujeres y las arrugas empiezan a disminuir; no las elimina, pero las atenúa». Con la harina que producen a partir de la canangucha «hacemos pasteles, arequipe, mermelada y galletas». Y también «con el aceite se pueden elaborar cremas faciales y jabones».

Bárbara Reis preguntó a continuación cuáles fueron las dificultades a la hora de crear las cuatro empresas sociales.

Betsy responde que «fue un proceso bastante desafiante. Creo que el acuerdo de paz llegó a Colombia con un enfoque de género bastante marcado». A continuación, explicó que también es gerente de Combuvipac, «que está situada allí, en La Montañita, donde procesamos pulpas concentradas procedentes de la Amazonía, como el arazá y el copoazú, que son pulpas totalmente concentradas, sin agua, pero con el dulzor que aporta la propia fruta y sin conservantes». Además, añadió, «también tenemos el açaí y el camu-camu». Hoy en día, la planta de transformación funciona al 100 % con energía fotovoltaica.

En la otra asociación, Asmupropaz, «producimos aceites esenciales mediante destilación al vapor, y nos dedicamos a la biocosmetología, una biocosmetología que llevamos a cabo en cadena con las tres organizaciones. Compro la manteca de cacao a ChocoAmazonic, compramos el aceite de canangucha a Asmucoca y producimos biocosméticos. Además de las materias primas que producimos para elaborar jabones, bálsamos labiales y, del mismo modo, poder llevar a cabo otros procesos, no solo fitoterapéuticos y cosméticos, sino también para los procesos emocionales y alimentarios».

Según Betsy, hoy estamos «por aquí, intentando ampliar la comercialización, tratando de llegar a este mundo global mucho más allá de Colombia» y conseguir «un mayor reconocimiento de toda la belleza y de lo que podemos ofrecer a la humanidad, y eso es lo que queremos mostraros hoy: que lo probéis, lo apliquéis, lo toquéis, porque realmente es una experiencia emotiva y nos transporta de vuelta a la biodiversidad y a la Amazonía». Gracias al proyecto y a la cooperación portuguesa, «nosotras, las mujeres que habitamos la Amazonía, contamos hoy con una fuente de economía restauradora y revitalizadora para la vida de la humanidad».

Yina intervino a petición de la moderadora para explicar que una de las «principales dificultades fue generar esa confianza»: «Sí, generar confianza entre los productores de cacao, en las mujeres de la co , para que quisieran aportar un valor añadido al cacao y, de alguna manera, cambiar esa cuestión sensorial de consumir un producto con una serie de sustitutos y, bueno, conservantes que, en realidad, no aportan ningún beneficio para la salud».

Según la representante de ChocoAmazonic, «esa línea, sí, esa línea fue un poco compleja: empezar a recuperar esa cuestión sensorial y, por otro lado, motivar a los productores para que vieran el cacao como una fuente de ingresos para la familia».

Yina Bailón explicó que ese reto consistía en «salir de una cultura de comercialización de productos ilícitos, recuperar zonas degradadas y rehabilitar los suelos»; por eso era importante «hacer comprender al productor que teníamos que cambiar». Era importante involucrar a muchos agricultores para que «regresaran a su territorio y encontraran una estrategia para sustituir la producción ilícita; es decir, encontrar en el cacao una estrategia que les permitiera decir “vamos a plantar cacao para mantenernos”, sí, y más aún, la producción de cacao se realiza cada quince días, no hay picos en dos épocas del año en las que podamos tener una producción muy abundante de cacao, sino que la producción es constante, lo que significa que contribuye mucho a la economía familiar». Y es igualmente interesante «que, dentro de este sistema de producción, no solo podamos producir cacao, sino también plátanos, yuca y otros productos que contribuyen a la cesta de la compra de la familia».

Yina explica que el cambio se produjo cuando creyeron «en esa diferencia organoléptica de nuestro cacao, sí, y en lo que esto realmente aportaba a nuestras familias, porque nos preguntábamos: ¿qué vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Cómo vamos a entregar nuestras fincas a nuestros hijos?». En el fondo, la clásica pregunta: «¿Cuánto me reporta esta actividad? Cuando se trata del bolsillo, la gente se motiva».

En cuanto a los retos del proceso de aprendizaje, Yina señaló que «a veces no reconocemos lo que tenemos y, en segundo lugar, la capacidad que tenemos las mujeres. La mayoría de los procesos en Caquetá están liderados por mujeres, y vemos cómo un trabajo que, a veces, consideramos insignificante, contribuye a una región». Según Yina, «ese empoderamiento de la mujer y la resiliencia que nosotras, las mujeres, tenemos en el proceso». A continuación, cuenta que al principio eran 28. «Hoy somos 12, pero contamos con 60 mujeres en este proceso».

«Con la cuestión de la seguridad alimentaria, con la recuperación de las zonas de cultivo de cacao, un refuerzo en temas de producción y gestión, y queremos, en el futuro, seguir mejorando estos volúmenes de producción para poder tener esa garantía de comercialización», concluyó Yina.

Betsy coincide con Yina: «Es muy importante y revelador en los procesos territoriales, en las mujeres rurales que han comprendido que, si nos organizamos, podemos transformar; con esos pequeños pasos, podemos lograr grandes transformaciones en el territorio». A continuación, Betsy destaca que «el objetivo principal de este viaje, de esta misión, ha sido poder mostrar lo que hacemos, cómo lo hacemos y adónde queremos llegar con nuestros productos, nuestra bioeconomía, y poder crecer junto con las empresas que hemos visitado y que vamos a visitar en Portugal».

Para Daisy, «cuando empezó a trabajar en la región, los maridos les decían a las socias: “Ahí viene esa señora a robaros tiempo”: ¡«Ahora ya no dicen eso!» La explicación es que «las mujeres tenían poco empoderamiento». A continuación, señala que «las mujeres tenían sueños ocultos. Las mujeres no hablaban de sus sueños porque creían que lo que anhelaban era imposible». El «proyecto llegó a fortalecernos socialmente, económicamente y en el ámbito familiar». Hoy en día, «nuestros maridos son nuestros aliados, nuestros amigos son compañeros de equipo a la hora de tomar decisiones, de aportar ideas y de realizar el trabajo duro. Somos un equipo, por eso siempre hablamos de 220 familias, 55 mujeres y, para nosotras, es un reto».

A continuación, relata un gran momento de vergüenza: el momento en que «llegó la primera factura de la luz. Fue la primera vez que lloré. Eso también fue un reto. Una factura de electricidad de un importe altísimo, en un momento en el que el proyecto ya había terminado y que teníamos que resolver». Afortunadamente, eso hoy en día «ya no nos pasa», explicó Daisy, «porque tenemos nuestros 45 paneles solares dentro de la fábrica donde estamos».

Para la directora de Asmucoca, el proceso surge cuando «las propias mujeres, porque nosotras, como líderes, fuimos al territorio a conocer las aldeas, a conocerlas a ellas y empezamos a hacer un análisis de todas esas carencias, pero también a entablar un diálogo con ellas». Según Daisy, varias «mujeres tenían el sueño de terminar la universidad, de poder avanzar también en esos estudios, y tenemos mujeres de la organización estudiando en la universidad; por ejemplo, yo, a mis 50 años, estoy en el tercer semestre de Administración de Empresas» y «tenemos a otras estudiando Psicología y Pedagogía Infantil».

Betsy, en respuesta a la pregunta de Bárbara Reis sobre cuál es el papel de los hombres en los procesos productivos, respondió: «Creo que es una oportunidad que los hombres también han brindado a las mujeres porque creen en la capacidad administrativa y empresarial que estas tienen». Yina secundó a su compañera diciendo que «en cualquier proceso, tanto el hombre como la mujer deben formar un equipo. Sí, y eso es lo que hemos intentado hacer». Y concluye: «Y, como decía mi compañera Daisy, ya existe un diálogo más asertivo, por así decirlo, en la familia».

A continuación, Bárbara Reis plantea una pregunta sobre el futuro: «¿Cómo pueden los modelos de negocio de producción ser aún más sostenibles?».

Yina responde que «el próximo reto al que nos enfrentamos es producir a gran escala e integrar a más familias en los procesos». A continuación, añade que se trata de integrar «una vertiente de ecoturismo dentro de ese mismo proceso». De hecho, en ChocoAmazonic, «estamos pensando en establecer 20 ha de cacao para poder crear una ruta turística de fácil acceso, para que la gente conozca lo que se hace en cada cooperativa».

Del mismo modo, continúa Yina, «pensamos en establecer colaboraciones con empresas portuguesas, que a su vez exportan a otros mercados». La primera etapa es la certificación, cumplir con las normas; otro de los «retos importantes es garantizar los volúmenes que debemos comercializar: sabemos que podemos llenar un contenedor con tres, cuatro o cinco, porque no somos las únicas organizaciones que trabajan en el departamento, somos muchas; formamos parte de la misma red de cacao del departamento, donde hay 32 organizaciones, 20 de las cuales están iniciando procesos de transformación».

Sandra González, al referirse a los retos del futuro, señala que «ya contamos con la organización, tenemos una unidad agroindustrial —o mejor dicho, contamos con nuestras propias unidades agroindustriales para la transformación—, pero también disponemos de recursos humanos y gozamos de reconocimiento regional; como decía nuestra compañera Gina, formamos parte de la Mesa de Frutos Amazónicos[2] , así como de diversas redes y organizaciones que trabajan en favor de la economía. Y la bioeconomía está ganando realmente terreno en la investigación; hemos visitado empresas que llevan a cabo todo su proceso dentro de la propia empresa, incluido el estudio y el comportamiento de sus insumos o materias primas, para poder ofrecer un producto muy fiable, y eso también es muy importante para nosotros». También destacó «todo el proceso que se puede llevar a cabo con el mundo académico, con las universidades, con las ciencias, para poder avanzar en esa articulación institucional a partir de la cooperación». Según Betsy, «no queremos grandes volúmenes, sino calidad, una calidad que nos permita traer aquí algo muy fiable y de gran calidad; para nosotros, es muy importante poder estar aquí y en Europa».

Daisy, por su parte, se refirió a «la visión de ASMUCOCA de poder exportar; (…) lo que necesitamos es que nos den la oportunidad».

Bárbara Reis retoma un tema muy delicado que provocaría uno de los momentos más emotivos del Foro. «Es un hecho que estén aquí juntas, es la prueba de que la reconciliación es posible. ¿Se habrían imaginado, en el año 2000, antes de los acuerdos, que algún día podríamos estar juntas alrededor de una mesa hablando de economía y de su comunidad?».

Daisy explica que no conoce lo suficiente el proceso de paz como para pronunciarse en profundidad sobre el tema, dado que no conoce a Betsy de aquella época en la que llevaba el uniforme. Sin embargo, el respeto que siente por Betsy perdura hasta hoy, y destaca que Betsy sigue visitando el territorio, incluidas fábricas y aldeas, donde es recibida con un e cariño y consideración por parte de las comunidades locales. Para Daisy, esta realidad demuestra que existen relaciones de confianza y respeto mutuo que se han ido construyendo con el paso del tiempo, lo que constituye una expresión de paz tanto a nivel individual como colectivo, vivida de forma natural por las personas implicadas.

Sandra González, que firma con el nombre de una de las signatarias del acuerdo de paz, «Betsy», señala que «pensábamos que era imposible lograr algo así en un país en conflicto, pero hoy sabemos que lo hemos conseguido». Según Betsy, «tenemos muchas diferencias, pero también compartimos muchos puntos en común con las mujeres de la región amazónica. Creemos que ustedes también han contribuido a este acercamiento al involucrarnos en la definición conjunta de una agenda de futuro para la paz en Colombia.

Yina, entre lágrimas y visiblemente emocionada, comienza diciendo: «Hay dos cosas de las que siempre hablamos con las compañeras». «Y es que, cuando se creó ChocoAmazonic, la mayoría de la gente pensaba que era una locura; todo empezó con una locura. Sí, un sueño. Y, en medio de esa locura, se unieron más personas». Yina recuerda además que, cuando presentaron los primeros chocolates, hubo quien les dijo que no llegarían muy lejos. Por eso, afirma, «estar hoy aquí es especialmente emocionante».

Concluyó destacando la transformación lograda a lo largo de los años: de un proceso artesanal, en el que tostaban el cacao en una olla de barro y utilizaban un molino tradicional, lo que suponía un gran esfuerzo físico, pasaron a producir un chocolate de alta calidad. «Hoy, con una fábrica propia, equipos de última generación y la formación necesaria para manejarlos», considera que se encuentran ante la materialización de un sueño. «Hoy, tener nuestros productos en este espacio es seguir creyendo en un proceso», concluye.

Las dos compañeras, que entretanto se han convertido en amigas, abrazan a Yina. Betsy no puede contener su emoción. La periodista Bárbara Reis se suma a ese gesto de genuina empatía hacia unas vidas marcadas por la lucha y la superación.

El presentador de turno, João Monteiro, anticipa el momento cultural, para permitir que este espacio tan emotivo se asimile en conjunción con las notas musicales de la guitarra portuguesa, en un llamamiento a un lenguaje universal más inclusivo. A continuación, presenta a Francisco Pereira, profesor de música del Conservatorio Nacional y licenciado en guitarra portuguesa, que interpretará el repertorio de Carlos do Carmo, concretamente la canción «Lisboa Menina e Moça», en su versión instrumental, una pieza que también estará presente en una furgoneta de nueve plazas durante la misión empresarial, pero eso es tema para otro artículo.

Mesa redonda 3: La Amazonía, la energía verde y la resiliencia climática

El debate se elevó a la macroescala del cambio climático, moderado por André Castro Santos, de LACLIMAv y profesor de la LSE. Para André Santos, «es un privilegio aportar una perspectiva de Brasil a este evento celebrado en Portugal. Tenemos vínculos muy fuertes: con Portugal compartimos la historia, la lengua y la cultura; con Colombia compartimos la Amazonía y una identidad sudamericana común».

Según el investigador, «el tema que hoy nos reúne es especialmente relevante. A menudo, cuestiones como la preservación del medio ambiente, la transición energética y el fomento de la resiliencia climática se tratan por separado, cuando, en realidad, están profundamente interrelacionadas». Para André Santos, «en los últimos años, el debate internacional sobre el cambio climático ha prestado una atención creciente a la Amazonía, sobre todo con las conferencias internacionales sobre el clima y la biodiversidad. La Amazonía ha dejado de ser vista únicamente como una región vulnerable, pasando a ser reconocida como un territorio decisivo para una respuesta global creíble al cambio climático». Por último, concluye su introducción afirmando que «también es importante reconocer que la conservación del medio ambiente debe ir de la mano de la garantía de condiciones de vida dignas para las poblaciones locales, promoviendo la autonomía y el desarrollo en los territorios».

João Monteiro, coordinador de proyectos del IMVF, comienza señalando que «según la Declaración Forestal de 2025, coordinada por Climate Focus, el mundo perdió aproximadamente 8,1 millones de hectáreas de bosque solo en 2024, lo que equivale a la superficie de un país como Austria. Todavía nos falta alrededor del 63 % para alcanzar el objetivo de revertir la deforestación para 2030, establecido en el marco de la Declaración de Glasgow». A continuación, señaló que «los incendios forestales siguen siendo una de las principales causas de la pérdida de cobertura vegetal, liberando millones de toneladas de dióxido de carbono. La Amazonía es claramente una de las regiones más afectadas, y existe una preocupante tendencia al agravamiento de estos fenómenos». Según Monteiro, «en Europa, y especialmente en Portugal, también nos enfrentamos a riesgos elevados, asociados a fenómenos como El Niño, que traen consigo temperaturas más altas y una mayor probabilidad de incendios».

A continuación, João Monteiro explica que «alrededor del 86 % de la deforestación mundial de la última década está relacionada con la expansión de la agricultura, a menudo combinada con actividades como la extracción de oro y la producción de carbón». Así, señala, «en regiones como Caquetá se observan impactos medioambientales significativos, incluida la contaminación por mercurio asociada a la minería, con graves efectos en los ecosistemas y en la cadena alimentaria». A continuación, aportó un dato relevante: «En 2023, solo se destinaron 220 mil milhões de dólares a soluciones basadas en la naturaleza, frente a los 7,3 biliões de dólares destinados a actividades con impacto negativo». Además, «solo alrededor del 10 % de la financiación para la adopción de prácticas sostenibles procede del sector privado, cuando sería necesario multiplicar esta cifra por cinco de aquí a 2030 para cumplir los compromisos climáticos».

Así pues, concluye Monteiro, «esto pone de manifiesto la necesidad de una mayor implicación del sector privado, especialmente en ámbitos como la agricultura regenerativa, la silvicultura sostenible, los créditos de carbono y las soluciones basadas en la naturaleza». En una nota positiva, señala que «la innovación tecnológica desempeña aquí un papel fundamental. Por ejemplo, las energías renovables, como la solar, se han vuelto más accesibles y, en muchos casos, son hoy en día más competitivas que las fuentes tradicionales y tienen un menor impacto medioambiental».

Concluye afirmando que «la transición climática debe plantearse de forma integrada, articulando medio ambiente, economía y sociedad», aludiendo al cambio iniciado en el proyecto Caquetá Eco, con algunos datos y cifras sobre los avances logrados.

Sandra Ortega, subdirectora administrativa de Red Adelco, detalló el mecanismo que hace que esto sea posible sobre el terreno: «Para nosotros, esto es un proceso social, un proceso local, un proceso económico». Agradeció la oportunidad de estar aquí gracias al apoyo de Camões, I.P.

«Es posible alcanzar un equilibrio entre la preservación y la conservación del medio ambiente, junto con el desarrollo local y social de las personas —mujeres y hombres— que forman parte de este proceso».

¿Cómo? Pregunta Paola, como la conocen sus compañeros. «A través de tres pilares: uno que se ocupa de todo el tema agroforestal, en el que se ha llevado a cabo la identificación y caracterización catastral de los terrenos de las comunidades implicadas». Además, «hemos firmado acuerdos voluntarios de conservación con las comunidades: dejar de talar a cambio de un refuerzo técnico, productivo y comercial. Se firmaron unos 200 acuerdos y, a día de hoy, contamos con unas 590 hectáreas de conservación en el marco del proyecto Caquetá Eco».

Por otra parte, en lo que respecta al segundo pilar, continúa la representante de Red Adelco, «tenemos el tema de la transición energética».  «Contamos con cuatro fábricas en las que se ha implantado el sistema fotovoltaico». Y, en este momento, la producción ya se realiza íntegramente a partir de la energía generada por los sistemas fotovoltaicos, lo que genera un flujo de caja en las organizaciones». Son las «primeras empresas sociales locales que llevan a cabo su producción utilizando energía fotovoltaica».

Y, por último, el modelo de negocio. «Aquí está la clave del proceso». Cómo conviven la conservación con el desarrollo económico local. Tenemos que pensar «en las economías de las familias, de las personas, y con ello en las economías colectivas». «Estamos capacitando a estas organizaciones en materia de estrategia de marketing».

Con esta estrategia, hoy en día estas organizaciones son protagonistas desde el punto de vista comercial, pero codo con codo con el medio ambiente, con la idea de que se puede construir en un territorio marcado por la violencia. Construir la paz en paralelo al desarrollo económico, en paralelo a la preservación del medio ambiente.

Bernardo Sousa, adjunto al vicepresidente del Ayuntamiento de Amadora, agradeció la invitación y señaló que la elección de Amadora para esta mesa redonda resultaba interesante, ya que «Amadora se encuentra entre los diez municipios de Lisboa con mayor población y los diez con menor superficie». Esto significa, explica, «que somos el municipio con mayor densidad de población, 7 000 habitantes por km² (2),lo que genera una gran presión sobre el uso de los recursos dentro de la ciudad».

Las ciudades, señaló Sousa, «tienen cada vez más población a nivel mundial». Tanto Portugal como Colombia superan los valores de población que vive en las ciudades, en torno al 70 % (el 80 % en Colombia). Así pues, «el Acuerdo de las Ciudades Verdes aborda cinco ámbitos: la calidad del aire, el uso racional del agua, la biodiversidad, la economía circular y el ruido».

«Actualmente se habla —dijo el vicepresidente— de las “ciudades inteligentes”: la mejor forma de utilizar las tecnologías, ya sea en la movilidad de las personas, en la mejora de las redes de transporte o en la movilidad sostenible. Pero también en la supervisión de los cursos de agua».

«Lo que ocurre en la Amazonía nos afectará a nosotros (las ciudades), y lo que hagamos aquí afectará a la Amazonía», concluyó Bernardo Sousa.

Concluyó con la presentación de «un proyecto de 1989, un programa de educación medioambiental. El propio ayuntamiento acude a los colegios o recibe a los alumnos de más de 9 000 estudiantes en diversas actividades». Se mostró dispuesto a organizar intercambios con colegios de alumnos de la Amazonía y viceversa, para que los alumnos de aquí y de allí conozcan los retos a los que se enfrenta cada región.

Compromisos para el futuro

En la sesión de clausura, Patricia Medina González, ministra plenipotenciaria de la Embajada de Colombia en Portugal, resumió el espíritu de la jornada: «Quiero expresar, en nombre de la Embajada, mi agradecimiento a todos los que han participado en esta jornada de diálogo, intercambio y creación de alianzas. Hoy estamos afirmando que la Amazonía es más que una naturaleza excepcional. Es un espacio donde convergen algunos de los grandes retos de nuestro tiempo: la protección de la biodiversidad, la acción climática, la transición energética, el bienestar social y la construcción de la paz».

El testimonio de las cuatro empresas sociales en este foro «ha demostrado que es posible generar desarrollo sostenible al tiempo que se fortalece la selva y las comunidades locales». Cada una de ellas ha demostrado que «la paz también se construye creando o s oportunidades, impulsando el espíritu emprendedor y gestionando los recursos de forma responsable».

Este foro «fue también una muestra del valor de la cooperación entre Portugal y Colombia».

Luís Vargas, de la Red Adelco, destacó que el reto ahora es llevar estos aprendizajes a una escala mayor y hizo un llamamiento al compromiso, un compromiso con el fortalecimiento de los lazos comerciales, la cooperación técnica y las alianzas entre empresas, instituciones y organizaciones comunitarias. «Este foro no es solo un escaparate de productos amazónicos, es una invitación a forjar alianzas a largo plazo para que la conservación, la energía limpia y la bioeconomía se traduzcan en oportunidades concretas para las comunidades», invitando a prestar atención a los mensajes posteriores y a las conversaciones que surjan a raíz del foro.

Carolina Quina destacó que este intercambio se enmarca en la misión empresarial y de intercambio a Portugal. Agradeció el apoyo de la Embajada de Portugal en Colombia, en particular de la embajadora Catarina Arruda, en la organización del evento, junto con el apoyo de la Embajada de Colombia en Portugal. Destacó la excelente colaboración que hemos venido desarrollando con la Red Adelco. Queremos seguir colaborando en el futuro. Y agradece a Camões el apoyo que ha hecho posible este viaje, trayendo a Portugal a las representantes de cuatro cooperativas que han demostrado resiliencia y la voluntad de seguir soñando y haciendo realidad sus sueños en favor del desarrollo local, respetando la biodiversidad. Agradeció especialmente a Barbara Reis por la forma en que moderó el debate. «El impacto en las familias es tremendo».

A medida que el foro llegaba a su fin, dando paso a un almuerzo de networking y a reuniones B2B, las tres representantes de las cooperativas ocuparon sus puestos junto a las mesas de exposición de productos amazónicos. La belleza de la decoración, combinada con el atractivo de los propios productos, atrajo de forma continua a personas interesadas, hasta tal punto que las tres mujeres apenas pudieron almorzar. Una vez finalizado el evento, era importante continuar con el resto del programa de la misión empresarial a Portugal, pero de esto hablaremos en otro artículo

El proyecto Caquetá ECO está financiado por Camões – Instituto de Cooperación y de la Lengua y lo llevan a cabo el Instituto Marqués de Valle Flôr (IMVF) y la Red Nacional de Agencias de Desarrollo Local de Colombia – Red Adelco, reafirmando así su compromiso con la implementación de soluciones innovadoras que promuevan territorios sostenibles, competitivos y en paz.

Artículo construido por IMVF, socio ejecutor del Proyecto Caqueta ECO.

 

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